Derechos de los ciudadanos en la sociedad actual

La lucha por los derechos ciudadanos no es una tarea de individuos, sino más bien grupos o asociaciones. El crecimiento de las asociaciones preocupadas por defender los derechos en ámbitos específicos o por garantizar el bienestar de todas las personas es uno de los índices más claros de esas virtudes que acompañan al ejercicio de la ciudadanía. Se trata de luchar tanto por la participación como para evitar desigualdades y la exclusión social.

Hay que dedicar bastantes energías a las tareas de formación e información de las personas. Es necesario romper la tendencia al pensamiento único y el monopolio informativo, desarrollando además la capacidad de evaluar críticamente los acontecimientos.

La participación ciudadana debe extenderse a todas las esferas de la vida social. No debemos limitarnos a hacer escuchar nuestra voz en el ámbito político o en periodos concretos como las elecciones. Hay que exigir una mayor participación y un mayor control en la educación y en la salud, en el consumo y, sobre todo, en las empresas.

Eso nos lleva a fomentar redes de compromiso y participación cívicas que facilitan la comunicación y el conocimiento mutuo, refuerzan las normas de reciprocidad y aumentan los costos potenciales de desviarse de ellas. Las redes horizontales (asociaciones vecinales, clubes deportivos, etc.) contribuyen a fomentar los valores cívicos y enseñan a la gente a tomar las riendas de su propia vida.

Las asociaciones civiles fomentan la solidaridad, la confianza y la tolerancia, sin que por ello desaparezcan los conflictos. En ellas crecen los hábitos de cooperación, solidaridad y espíritu público, favoreciendo la deliberación sobre los problemas comunes y la decisión de las  estrategias más idóneas.

Asociémonos, colaboremos juntos en favor de la pluralidad, vinculados a la consecución de ese fin que es el bien común.

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¿Desempleado y mayor de 45 años?

Siete de cada diez parados mayores de 45 años llevan más de un año en el desempleo, según un estudio de la Fundación Adecco en el que se pone de manifiesto que el paro estructural o de larga duración se está convirtiendo en un “mal crónico” en la sociedad española.

En concreto, el informe revela que el 47% de los parados mayores de 45 años lleva más de dos años en el desempleo y el 23% busca empleo desde hace más de un año. De esta forma, la tasa de paro de larga duración de los mayores de 45 años se sitúa en el 70%, casi catorce puntos por encima de la del resto de la población española (56,3%).

La cifra de parados de más de 45 años se ha disparado un 138% desde el inicio de la crisis, hasta sumar ya casi dos millones de desempleados (1.978.586). De esta forma, los parados mayores de 45 años suponen cuatro de cada diez desempleados de España.

Algo más de la mitad de los parados de larga duración son hombres (53%), con estudios técnicos (32,4%), que se encuentran en paro tras perder su empleo anterior (94%).

El director general de la Fundación Adecco, Francisco Mesonero, ha explicado que el paro de larga duración afecta más a hombres que a mujeres por su concentración en los sectores más castigados por la crisis, como la construcción o la automoción.

“Se quedan en paro tras numerosos años en la misma empresa y la crisis, así como su falta de práctica en la búsqueda de empleo y la desactualización de conocimientos, lastran sus oportunidades laborales”, precisa Mesonero.

En cuanto a los parados mayores de 45 años, Adecco explica que el perfil se corresponde con el de una mujer (52,3%), de 48 años, con responsabilidades familiares, estudios técnicos y en paro porque perdió su empleo anterior.

“EMIGRAR NO ES SÓLO COSA DE JÓVENES”

Según una encuesta realizada por la Fundación Adecco a 2.500 parados mayores de 45 años que están buscando empleo, casi la mitad cree que tardará más de un año en volver al mercado laboral y sólo el 6,3% piensa que encontrará ocupación en menos de un mes.

El 54% de los encuestados considera que su edad madura es la principal responsable de su situación de paro, mientras que el 46% creen que la crisis está afectando a todos por igual.

En cualquier caso, los parados mayores de 45 años están cada más dispuestos a montar su propio negocio o a buscarse la vida fuera de España. Así, el 30,8% de los encuestados dice haberse planteado poner un negocio propio (el 3,5% ya está en ello y el 27,3% no lo descarta a futuro), mientras que el mismo porcentaje afirma haberlo pensado, pero no se ha decidido porque faltan ayudas a los emprendedores.

Asimismo, el informe pone de manifiesto que “emigrar ya no es sólo cosa de jóvenes”. A pesar de sus responsabilidades familiares, un tercio de los parados mayores de 45 años piensa que tendrán que salir fuera a trabajar ante la falta de oportunidades laborales en España (un 13,8% lo ve muy probable y un 19,3% bastante probable).

La Fundación Adecco realiza en su informe una serie de recomendaciones a los desempleados mayores de 45 años, entre ellos la apuesta que deben hacer por reciclarse profesionalmente; conocimientos en nuevas tecnologías; darse de alta en las redes sociales, y mantener una actitud positiva.

La felicidad y el trabajo, extraña paradoja, paradigma cuestionable

Parece que la crisis nos ha llevado a crear un punto de atención permanente en la multitud de personas que han perdido su puesto de trabajo y a obviar algo que cada vez afecta a más personas, aquellas que se sienten prisioneros en su trabajo.

Sí, lo sé, en los tiempos actuales tener un trabajo debería ser una bendición, pero está claro que no siempre es así.
Este fenómeno, al menos a mí, me sugiere muchas preguntas:

¿Qué es lo que hace que hombres y/o mujeres vivan atrapados en un trabajo en el que se sienten infelices y no hagan nada por cambiarlo?
¿Qué provoca la infelicidad en el trabajo?
¿Es posible, en un entorno como el actual, cambiar las cosas?
Quizás la primera pregunta es la clave para seguir con las demás. En mi opinión, es justamente este entorno, en el que nos estamos acostumbrando a creer que hay una serie de cosas que no son posibles, el que crea una parálisis general ante la búsqueda de un nuevo empleo. Si a esto le sumamos el miedo a lo desconocido en una época de incertidumbre o el sentimiento de tener que estar agradecidos por poder trabajar y tener una nómina, independientemente de las condiciones, tenemos nuestra bomba de relojería.

Pero este punto me lleva a la segunda pregunta, ¿qué nos hace sentirnos tan infelices? Hay factores que creo todos tenemos claros, jefes tóxicos, entornos negativos, exceso o carencia de trabajo, horarios, presión,… Sí, hay un montón de elementos achacables a la compañía que pueden favorecer o provocar entornos no saludables, que nos llevan a esta infelicidad. Pero como no suele estar en nuestras manos cambiarlos, hoy me gustaría reflexionar sobre los que sí podemos cambiar.

He visto a mucha gente “quemada”, gente que critica a su empresa, su jefe… pero en la mayoría de los casos también he visto personas que, por diversas razones, habían entrado en una espiral negativa, es decir, que ellos mismos se comportaban como pensaban , siendo parte y acción de las cosas que les ocurrían.

Con esto no quiero decir que no existan las empresas o puestos, que los hay, de los que uno solo quiere salir corriendo, pero en muchas ocasiones esa corriente negativa es temporal y, por tanto, solo requiere de paciencia; en otras, es incrementada por nosotros mismos y nuestro comportamiento y, en algunas otras, hemos sido nosotros quienes hemos creado ese puesto, que ahora nos hace sufrir tanto.

Puede que este análisis moleste a muchos, pero no por ello es menos cierto que en algunas ocasiones el mal no es solo imputable a la empresa o al superior. Creo que antes de tomar una decisión de cambio debemos mirar en nuestro interior y preguntarnos: el overbooking que ahora tengo, ¿quién o cómo se ha generado? ¿Puedo yo cambiar cosas de mí mismo que ayuden a crear un entorno más constructivo? ¿Puedo evitar la rumorología o el mal ambiente con mi comportamiento? ¿Puedo adaptar/variar algo mi forma de trabajo para estar mejor? ¿Los problemas que tengo son temporales o no? ¿Lo que está ocurriendo afecta a mi empleabilidad o reputación en el mercado? ¿Puedo arreglarlo?

Decide lo que creas que es mejor para ti y tu familia, pero piensa que solo tienes una vida. Por tanto, no dejes de luchar por aportar todo tu valor ni pierdas el tiempo sufriendo sin necesidad. El camino en el entorno actual es lento y difícil, pero os aseguro que, bien planteado, el proceso de búsqueda de un nuevo empleo (si es esa tu elección) es posible. En cualquier caso, decidas lo que decidas, ¡ponte en marcha! Que nunca mires atrás y veas que te quedaste atrapado en tus propios miedos o que no hiciste nada para hacer un cambio, empezando por ti mismo.

Son muchas y diversas las variables que hacen que nos sintamos prisiones de nuestro trabajo.

Nekane Rodríguez

Las profesiones del futuro

Haces unos años, muchas personas se negaban a pensar que las profesiones que ocupaban y que conocían fuesen a desaparecer en unas décadas. Es más, a las primeras personas que comenzaron a hablar de esto se las veía como personas apocalípticas y poco cuerdas. Ahora que esto comienza a darse por hecho ya se comienza a escuchar esa famosa frase de “Ya sabía/decía yo que esto iba a ocurrir”. Cuando esto pasa es que el fenómeno ya está extendido y es una realidad.

Lo que está claro es que las profesiones nuevas que van a ir surgiendo van a tener una vinculación directa y vital con las nuevas tecnologías que ya han pasado a formar parte de nuestra vida laboral para quedarse.

Las empresas se convertirán en lugares más planos e igualitarios donde sean lugares de prestación de servicios, se difuminara mucho la figura de empleado y empleador y nos convertiremos todos en prestadores de servicios y necesidades. El trabajo será habitual desempeñarlo desde cualquier lugar, con independencia de en qué trabajemos. Se establecerán lugares de reunión para zanjar determinados temas o se harán por video-conferencia. El trabajo en equipo se podrá hacer en la red porque las herramientas colaborativas estarán integradas en las organizaciones y en nuestros hábitos de trabajo. Nuestros dispositivos móviles tendrán integrado sistema de video conferencia y podremos acceder a nuestros archivos de trabajo desde cualquier terminal o dispositivo. De hecho… algunas de estas cosas, son ya una realidad. Una empresa con oficinas en Alemania, España, India, Nueva York y Hong Kong, ya no tiene que recurrir a viajar para tener una reunión. Las videoconferencias ahorran mucho tiempo y dinero a las empresas.

Ahora ya es habitual que determinadas profesiones como blogger o community manager comiencen  a escucharse de forma más habitual. Por supuesto, aun vivir de blogger es complicado porque no se le da demasiado valor a esta profesión, sin embargo, con el tiempo los contenidos serán a la carta para colectivos muy específicos y especializados que requieran determinados contenidos y enfoques, es decir, que no les valdrá cualquier contenido. La profesión de community manager también está comenzando a regularse y va cambiando día a día. Hace 5 años no existía esta profesión ni se pensaba en ella. Por ello, debéis asumir que nadie lleva toda la vida siendo community manager, es decir, que antes se dedicaba a otras profesiones y se han reciclado o poseían las competencias necesarias para poder desempeñar esa profesión. Eso sí, las nuevas profesionales requieren una adaptación y evolución rápida en el tiempo porque las cosas cambian con mucha rapidez.

Las profesionales relacionadas con las personas tienen mucho futuro y dentro de poco, serán habituales los seleccionadores 2.0 y buscadores de talento 2.0 que lo harán por la red y les permitirá tener una radiografía competencial de las personas sin necesidad de la tradicional entrevista de trabajo, es decir, se centrarán más en poder ver lo que no hace y que se podrá visualizar.

Las profesiones vinculadas a la reputación online, a la protección de datos, a la gestión de contenidos, a la comunicación, al entrenamiento de las personas, al entretenimiento de las personas, a la tercera edad, etc.; vinculadas a las nuevas tecnologías y en la red tendrán mucho futuro. Cada vez más se vende por los ojos y el usuario quiere poder ver y experimentar los productos antes de comprarlos y, si es posible, personalizarlos.

Damos por sentado que todos los trámites administrativos y burocráticos de las diversas profesiones se podrán hacer de forma telemática sin que requieran prácticamente tratamiento por parte de las personas y será algo automático.

Obviamente, el tratamiento de patologías relacionadas a estas nuevas profesiones vinculadas a las nuevas tecnologías requerirá una especialización de las áreas y profesiones sanitarias.

Todas las profesiones vinculadas a la comunicación se podrán hacer por la red y no serán necesarios los desplazamientos para poder dar una charla o conferencia a un auditorio con independencia del volumen del mismo y se podrá interactuar con ellos con facilidad.

Luego estas profesionales irán evolucionando con mucha rapidez y algunas sufrirán en el corto o medio plazo muchos cambios en función de las necesidades, colectivos y circunstancias varias.

Igualmente no debemos olvidar que en diez años o menos los robots estarán más entregados en la sociedad y podrán desempeñar determinadas profesiones que ahora hacen persona de forma manual y mecánica. En el sector industrial ya se han mecanizado muchas funciones desempeñadas por personas durante décadas. Falta aun que las maquinas se especialicen y puedan afinar mucho más. Es decir, serán maquinas que estén programadas para relacionarse con las personas y que sean capaces de solucionar problemas. Es cuestión de tiempo que las cosas vayan evolucionando cada vez más rápido y eso requiere que las personas seamos capaces de adaptarnos con rapidez.

Los niños no saben estudiar solos

Un niño de once años que acudía a consulta porque sus padres estaban preocupados por su rendimiento escolar me dijo: “Hemos suspendido tres esta evaluación”. Preguntado entonces a quiénes se refería, me dijo “mamá y yo” y pensativo añadió: “Aunque para ella es peor porque había estudiado más que yo”. Esta anécdota refleja el creciente aumento de preocupación de los padres porque sus hijos no hacen los deberes si no están ellos encima. Y además muestra una realidad nada cómica en los hogares: luchas diarias para conseguir que hagan los ejercicios, tardes enteras empleadas por toda la familia en las tareas del niño y un inevitable fracaso escolar con el tiempo. Y lo que es más importante: una absoluta falta de autonomía a la hora de estudiar y de aceptar como propia la responsabilidad académica.

El objetivo inicial de implicar a los padres en la educación escolar se ha desvirtuado y entrar en una dinámica equivocada tiene como resultado que los niños no saben estudiar solos.

La explicación que los desbordados padres dan acerca de por qué hacen los deberes con los niños, y en muchas ocasiones en lugar de ellos, es que a sus hijos no les gusta o sólo los hacen para conseguir algo, sin motivación propia. Parten de la concepción errónea de que la motivación o el encontrar divertido hacer las tareas escolares es algo innato, que no depende de ellos, cuando en realidad a cualquier niño le gustaría más estar jugando y no copiando hojas.

Pero algunos niños empezaron obteniendo refuerzos a la hora de hacer los deberes, tanto en el colegio como en casa, y al final han acabado asociándolo como algo gratificante. Por tanto, cada vez es menos necesario premiar en casa, puesto que el niño tendrá otro tipo de refuerzos menos materiales o que no dependen ya de los padres. Tienen esa “motivación interna” que reclaman. Pero no venía de serie, la han adquirido.

La dinámica errónea también tiene que ver con qué conducta estamos reforzando: el niño no hace los deberes, por lo tanto los padres se sientan con ellos y les dedican su tiempo y esfuerzo. Eventualmente acaban facilitando también la respuestas a los problemas que les surgen y ayudando en todo lo posible para que acaben antes de la hora de la cena. Las siguientes semanas, la situación no mejora sino que cada vez su dependencia hacia la ayuda de los padres es mayor.

¿Qué está ocurriendo aquí?

Al dedicar nuestra atención al niño, antes siquiera de que empiece la tarea, estamos reforzando esa inactividad. El niño sabe que si se queda parado frente a los deberes sus padres acudirán. El no contestar bien las tareas o tardar en hacerlas tiene como premio el que sean los padres quienes nos den la respuesta o faciliten todo para acabar cuanto antes. ¿Para qué esforzarse entonces? Aunque tengan que soportar alguna regañina, al final el trabajo estará hecho, sin que apenas hayan tenido que pensar o trabajar, y además durante la larga tarde habrán tenido toda la atención del mundo y no siempre en forma de malas caras.

El problema es luego a la hora de hacer los exámenes. Allí no están los padres para completar las respuestas como hacen en casa. Es fácilmente identificable un examen de un niño que no ha estudiado por el tipo de respuestas “vagas” que dan. El niño suspenderá y los padres se verán más justificados que nunca para estar encima de ellos, “ahora es cuando no podemos dejarle a su aire” y en todo este proceso el niño no habrá aprendido la manera de gestionar su tiempo, de resolver problemas o de aplicar sus propias estrategias para optimizar su aprendizaje. En definitiva. No habrá aprendido a estudiar solo.

El no saber salir de esta dinámica al priorizar los resultados académicos al propio aprendizaje de la conducta de realizar los deberes de manera autónoma, prolonga esta situación hasta el absurdo. El niño sigue adelante con los estudios y puede llegar al bachillerato incluso sin haberse responsabilizado de los éxitos o fracasos académicos y sin tener herramientas propias para estudiar. Cuanto mayor es el niño mayores serán los conflictos en casa para que haga los deberes y mayores dificultades tendrá para hacer frente a los estudios, así que al final el fracaso es inevitable.

Desengancharse de esta dinámica tiene que ser gradual: no podemos pretender que lo que no ha aprendido a hacer en años pueda aplicarlo de golpe, por lo cual nuestra retirada tendrá que hacerse de una manera estudiada.

Cómo pasar de hacer los deberes con el niño a que los haga él solo

1. Es muy importante conocer previamente si existe alguna dificultad real en el aprendizaje y cuál es la capacidad del niño para adaptar nuestra ayuda a sus necesidades. Si existe algún déficit, habrá que trabajar con el colegio para conseguir que el niño aprenda técnicas que compensen sus dificultades, pero en ningún caso la solución será hacer los deberes por el niño e ir tirando indefinidamente.

2. Nuestra presencia no puede ser lo que mueva al niño a hacer los deberes o nos obligará a estar siempre pendientes. Hay que usar otro tipo de estímulos y los más útiles son los temporales y los espaciales: empezar siempre a la misma hora y en el mismo lugar de estudio facilitará que el niño sepa cuándo tiene que ponerse y cuándo dejarlo.

3. Cuando el niño se ponga, le pedimos que nos llame y entonces, al principio, le organizaremos las tareas por partes y explicaremos cuál es la primera que tiene que hacer. Después dejamos al niño sólo haciéndola.

3. Si el niño tiene dudas nos puede llamar pero nunca permaneceremos sentados con él. Tras resolverlas nos volvemos a ir y sólo acudimos cuando la haya terminado y nos llame.

4. Reforzamos entonces la ejecución y corregimos lo que no esté bien. Después, explicamos la nueva tarea y volvemos a dejarle sólo. Puede ser algo cansado al principio pero el cambio es importantísimo: hemos pasado de reforzar la inactividad a reforzar la ejecución. El niño hará los deberes sabiendo que al hacerlo es cuando tendrá la atención y ayuda de los padres, y no antes.

5. Cada semana se irá viendo la evolución y entonces iremos bajando el nivel de apoyo: cada vez dosificaremos menos y no hará falta acudir tantas veces. Luego sólo explicaremos al principio y corregiremos al final de la tarde. Finalmente no hará falta más que una pequeña revisión informal de lo trabajado, porque el niño será capaz de realizarlos todos de manera autónoma.

6. Es muy importante reforzar cada día por el estudio y no sólo por los resultados en el colegio. Además de felicitarle por su trabajo, le demostramos cómo de esta manera la tarde es más gratificante para todos y puede tener mucho más tiempo para jugar al acabarlos antes.

7. Por último, para conseguir mejores resultados, es importante que el colegio vea el cambio en el planteamiento con el niño y si aún es pronto para reforzar con buenas notas, es bueno que sí le hagan ver al niño que su esfuerzo se nota.

 

by David Pulido

No busques trabajo, busca clientes

“No busques trabajo. Así te lo digo. No gastes ni tu tiempo ni tu dinero, de verdad que no vale la pena. Tal como está el patio, con uno de cada dos jóvenes y casi uno de cada tres adultos en edad de dejar de trabajar, lo de buscar trabajo ya es una patraña, un cachondeo, una mentira y una estúpida forma de justificar la ineptitud de nuestros políticos, la bajada de pantalones euro-comunitaria y lo poco que les importas a los que realmente mandan, que por si aún no lo habías notado, son los que hablan en alemán.

No busques trabajo. Te lo digo en serio. Si tienes más de 30 años, has sido dado por perdido. Aunque te llames Diego Martínez Santos y seas el mejor físico de partículas de Europa. Da igual. Aquí eres un “pringao” demasiado caro de mantener. Dónde vas pidiendo nada. Si ahí afuera tengo a 20 mucho más jóvenes que no me pedirán más que una oportunidad, eufemismo de trabajar gratis. Anda, apártate que me tapas el sol.

Y si tienes menos de 30 años, tú sí puedes fardar de algo. Por fin la generación de tu país duplica al resto de la Unión Europea en algo, aunque ese algo sea la tasa de desempleo. Eh, pero no te preocupes, que como dijo el maestro, los récords están ahí para ser batidos. Tú sigue esperando que los políticos te echen un cable, pon a prueba tu paciencia mariana y vas a ver qué bien te va.

Por eso me atrevo a darte un consejo que no me has pedido: tengas la edad que tengas, no busques trabajo. Buscar no es ni de lejos el verbo adecuado. Porque lo único que te arriesgas es a no encontrar. Y a frustrarte. Y a desesperarte. Y a creerte que es por tu culpa. Y a volverte a hundir.

No utilices el verbo buscar.

Utiliza el verbo crear. Utiliza el verbo reinventar. Utiliza el verbo fabricar. Utiliza el verbo reciclar. Son más difíciles, sí, pero lo mismo ocurre con todo lo que se hace real. Que se complica.

Da igual que te vistas de autónomo, de empresario o de empleado. Por si aún no lo has notado, ha llegado el momento de las empresas de uno. Tú eres tu director general, tu presidente, tu director de marketing y tu recepcionista. La única empresa de la que no te podrán despedir jamás. Y tu departamento de I+D (eso que tienes sobre los hombros) hace tiempo que tiene sobre la mesa el encargo más difícil de todos los tiempos desde que el hombre es hombre: diseñar tu propia vida.

Suena jodido. Porque lo es. Pero corrígeme si la alternativa te está pagando las facturas.

Trabajo no es un buen sustantivo tampoco. Porque es mentira que no exista. Trabajo hay. Lo que pasa es que ahora se reparte entre menos gente, que en muchos casos se ve obligada a hacer más de lo que humanamente puede. Lo llaman productividad. Otra patraña, tan manipulable como todos los índices. Pero en fin.

Mejor búscate entre tus habilidades. Mejor busca qué sabes hacer. Qué se te da bien. Todos tenemos alguna habilidad que nos hace especiales. Alguna singularidad. Alguna rareza. Lo difícil no es tenerla, lo difícil es encontrarla, identificarla a tiempo. Y entre esas rarezas, pregúntate cuáles podrían estar recompensadas. Si no es aquí, fuera. Si no es en tu sector, en cualquier otro. Por cierto, qué es un sector hoy en día.

No busques trabajo. Mejor busca un mercado. O dicho de otra forma, una necesidad insatisfecha en un grupo de gente dispuesta a gastar, sea en la moneda que sea. Aprende a hablar en su idioma. Y no me refiero sólo a la lengua vehicular, que también.

No busques trabajo. Mejor busca a un ingenuo, o primer cliente. Reduce sus miedos, ofrécele una prueba gratis, sin compromiso, y prométele que le devolverás el dinero si no queda satisfecho. Y por el camino, gánate su confianza, convéncele de que te necesita aunque él todavía no se haya dado cuenta. No pares hasta obtener un . Vendrá acompañado de algún pero, tú tranquilo que los peros siempre caducan y acaban cayéndose por el camino.

Y a continuación, déjate la piel por que quede encantado de haberte conocido. No escatimes esfuerzos, convierte su felicidad en tu obsesión. Hazle creer que eres imprescindible. En realidad nada ni nadie lo es, pero todos pagamos cada día por productos y servicios que nos han convencido de lo contrario.

Por último, no busques trabajo. Busca una vida de la que no quieras retirarte jamás. Y un día día en el que nunca dejes de aprender. Intenta no venderte y estarás mucho más cerca de que alguien te compre de vez en cuando. Ah, y olvídate de la estabilidad, eso es cosa del siglo pasado. Intenta gastar menos de lo que tienes. Y sobre todo y ante todo, jamás te hipoteques, piensa que si alquilas no estarás tirando el dinero, sino comprando tu libertad.

Hasta aquí la mejor ayuda que se me ocurre, lo más útil que te puedo decir, te llames David Belzunce, Enzo Vizcaíno, Sislena Caparrosa o Julio Mejide. Ya, ya sé que tampoco te he solucionado nada. Aunque si esperabas soluciones y que encima esas soluciones viniesen de mí, tu problema es aún mayor de lo que me pensaba.

No busques trabajo. Sólo así, quizás, algún día, el trabajo te encuentre a ti.”

http://es.wikipedia.org/wiki/Risto_Mejide

Conócete a ti mismo

La zanahoria, el huevo y el café

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y lo difíciles que le resultaban las cosas. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Al poco tiempo el agua de las tres ollas comenzó a hervir. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija le dijo:

– “Querida, ¿qué ves?”

– ”Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Después de quitar la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente la hija preguntó:

“¿Qué significa esto, padre?”

El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero cada uno de ellos había reaccionado de forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua convirtiéndola en café.

“- ¿Cuál eres tú?”, le preguntó a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido se ha vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargada y áspera, con un espíritu y un corazón endurecido?
¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionarás mejor y harás que las cosas a tu alrededor mejoren.