La imagen femenina ha desaparecido

La imagen real femenina ha desaparecido de los medios de comunicación, de los anuncios. No hay arrugas, ni granos, ni pechos caídos, solo mujeres esclavas de productos que necesitan y anhelan para estar perfectas.
Beyoncé, melena de leona, piel aceitunada, pechos firmes, brazos y piernas imposibles, como un dibujo animado, una muñequita a punto de romperse. Así la ha retratado Roberto Cavalli en su última campaña de moda. El diseñador hizo pasar el photoshop para hacer desaparecer las curvas de la cantante y convertirla en un fantasma anoréxico. La campaña ha levantado una enorme polémica, una vez más centrada en la publicidad engañosa que muestra cuerpos y caras perfectas con el único fin de despertar el apetito sexual masculino y con el efecto secundario de bajar la autoestima a las mujeres.

En verano las portadas de las revistas femeninas se llenan de dietas y consejos para que las mujeres estén estupendas. La imagen real femenina ha desaparecido de los medios de comunicación, de los anuncios. No hay arrugas, ni granos, ni pechos caídos, solo mujeres esclavas de productos que necesitan y anhelan para estar perfectas. Tan solo marcas como Dove o The Body Shop se han atrevido a saltarse los cánones publicitarios. En Estados Unidos hay un colectivo que incluso promueve la llamada Ley de la Autoestima, una normativa para regular el retoque digital a imágenes de modelos y actrices y encaminada, sobre todo, a evitar que las adolescentes se formen un canon de belleza inalcanzable. En España, un 4% de las mujeres más jóvenes padece un trastorno de la conducta alimentaria.

Para reivindicar la belleza real de la mujer, en 2005 surgió Nu Proyect, un proyecto del fotógrafo estadounidense Matt Blum que consiste en retratar a mujeres en sus casas, desnudas, sin maquillar y sin ningún tipo de artificios. El resultado muestra michelines y celulitis, ojeras y granitos, pero también chicas felices y muy guapas, a pesar de sus supuestas imperfecciones. La próxima parada de Blum será España y Portugal, para continuar plasmando esta belleza real.

La presión llega de fuera, de los medios, de la sociedad, pero las críticas más duras con las mujeres vienen de las propias mujeres. Del 59% de españolas que admite tener presión para ser más guapa, un 32% reconoce que esa presión proviene de ellas mismas, según una encuesta realizada en 2011 por una firma de belleza. Además, el 76% de las españolas reconoce la belleza en otras mujeres pero son incapaces de ver la suya propia. Como dice la psicóloga Patricia Gutiérrez Albadejo, “las mujeres somos muy subjetivas a la hora de valorar nuestra propia belleza, pero somos capaces de ser objetivas a la hora de valorar a otra mujer”. Somos nuestras peores críticas, y eso hunde más nuestra autoestima y felicidad.

Susana Hidalgo

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