Efectividad en el trabajo

Que alguien pueda realmente gestionar a otras personas no está en absoluto suficientemente probado. Pero uno siempre puede gestionarse a sí mismo. De hecho, los ejecutivos que no se gestionan efectivamente a sí mismos no pueden esperar gestionar a sus asociados y subordinados

Para ser razonablemente efectivo, no es suficiente que un individuo sea inteligente, trabaje duro o tenga un gran conocimiento. La efectividad es algo aparte, algo diferente

La efectividad puede aprenderse y, además, tiene que aprenderse (no es innata)

La efectividad es por lo que se paga a los directivos

Sin efectividad no hay alto desempeño, por mucha inteligencia y conocimiento que se aplique al trabajo y por muchas horas que se le dedique

La efectividad de una sociedad moderna y su capacidad para funcionar – tal vez incluso su capacidad para sobrevivir – depende de manera creciente de las personas que trabajan como ejecutivos en las organizaciones

Tomar buenas decisiones es una habilidad crucial a todos los niveles. Es necesario enseñar de forma explícita esta habilidad a todas las personas que trabajan en organizaciones basadas en conocimiento

La inteligencia, la imaginación y el conocimiento son recursos esenciales pero únicamente la efectividad los convierte en resultados

Trabajar en las cosas correctas es lo que hace efectivo al trabajo del conocimiento

Productividad para un trabajador del conocimiento significa capacidad para hacer las cosas correctas.
Productividad significa efectividad

El trabajo del conocimiento no se define por la cantidad. Ni tampoco se define por sus costes. El trabajo del conocimiento se define por sus resultados
[Hablando del perfil de ejecutivo que dibujan los libros de management] Parece buscarse el genio universal y el genio universal siempre ha sido escaso. La experiencia de la raza humana indica claramente que el único tipo de persona en abundancia es el incompetente universal
Si uno no puede aumentar el suministro de un recurso, uno debe sacarle más partido al que tiene. Y la efectividad es la herramienta para lograr que la capacidad y el conocimiento produzcan más y mejores resultados

La efectividad es un hábito, es decir, un complejo de prácticas. Y las prácticas siempre pueden ser aprendidas

Para ser efectivo, cualquier trabajador del conocimiento, y especialmente cualquier ejecutivo, necesita disponer de grandes bloques de tiempo continuo

Es impresionante cuantas cosas hace la gente ocupada que nadie echaría de menos si no se hicieran

Una cantidad enorme del trabajo que hacen los ejecutivos podría fácilmente ser hecha por otros y, por tanto, debería ser hecha por otros

No hay mucho riesgo en que un ejecutivo deje de hacer demasiadas cosas. Habitualmente tendemos a sobrevalorar más que a infravalorar nuestra importancia y concluir que demasiadas cosas pueden ser únicamente hechas por nosotros. Incluso los ejecutivos efectivos siguen haciendo un buen número de cosas innecesarias e improductivas

Las reuniones son, por definición, una concesión a la organización deficiente. Si los ejecutivos de una organización dedican algo más que una mínima parte de su tiempo a reuniones, es un signo seguro de mala organización

Las reuniones deben ser la excepción más que la regla. Como norma, nunca se debería permitir que las reuniones fueran la principal demanda de tiempo de un ejecutivo. Una organización en la que todo el mundo se reúne a todas horas es una organización en la que nadie hace nada
Aún no me he encontrado una crisis que no pueda esperar noventa minutos

El compromiso con la contribución es el compromiso con la efectividad. Si ello, una persona da menos de lo que puede dar, no contribuye a su organización todo lo que debe contribuir y está engañando al resto de la gente con la que trabaja

Si hay un “secreto” de la efectividad, es la concentración. Los ejecutivos efectivos hacen primero lo que hay que hacer primero y, de esto, hacen únicamente una cosa cada vez

Cuanto más se centre un ejecutivo en aumentar su contribución, más necesitará de bloques de tiempo continuo grandes. Cuanto más pase de “estar ocupado” a “conseguir resultados”, más trabajará en esfuerzos sostenidos, los cuales precisan de gran cantidad de tiempo para dar su fruto

Conseguir tiempo productivo requiere autodisciplina y una determinación de hierro para decir “No”

Cuanto más se puede concentrar tiempo, esfuerzo y recursos, mayor número y diversidad de tareas puede llevarse a cabo
Este es el “secreto” de las personas que “hacen muchas cosas” y, evidentemente, muchas cosas difíciles. Hacen únicamente una cosa cada vez. Como resultado, al final necesitan mucho menos tiempo que el resto de nosotros

El trabajo no es establecer prioridades. Eso es fácil. Todo el mundo puede hacerlo. La razón por la que tan pocos ejecutivos se concentran, es la dificultad de establecer “posterioridades”, es decir, decidir qué no hacer, y permanecer fieles a esa decisión

El ejecutivo efectivo no se compromete con nada más allá de la tarea que está ejecutando en ese momento. Una vez completada, revisa toda la situación y elige la siguiente tarea que ahora debe ser la primera

El trabajo de hacer productivo al trabajador del conocimiento está aún por hacer. La clave para ello es si duda la efectividad del ejecutivo

Por Jose Miguel Bolivar

Fíjate objetivos específicos

En la sociedad hay un grupo de personas que siempre triunfa y otro que nunca lo hace. Además hay un grupo que siempre fija objetivos y otro que no los fija nunca. Seguro que no sorprendea nadie comprobar que aquellos que triunfan son los mismos que se fijan objetivos y que los que fracasan son los que no lo hacen. ¡Qué tremenda coincidencia!

En la construcción de todo lo que hoy es 8Belts descubrí que existen cinco puntos clave en la fijación de objetivos con un valor esencial para cualquier ser humano. Es lo que yo denomino el Pentágono Mágico.

1. Concreción

El error más cometido es la falta de concreción. Si se fracasa en los objetivos, no es tanto porque no se fijen, sino porque se hace con una enorme falta de concreción. Son muchos los que han cometido el error de marcarse como objetivo «hacer más deporte». Pero «hacer deporte» no es un objetivo. «Quiero hacer 5 días de deporte a la semana, cada día después del trabajo voy a correr media hora en la cinta y haré cien flexiones y una hora de pesas», sí es un objetivo.

Es necesario ser escrupulosamente específico en la descripción del objetivo, pero no lo es menos serlo en la definición de los hitos y en la fijación de las plazos. Necesitas saber con el mayor grado de detalle qué quieres conseguir, cómo quieres conseguirlo, haciendo qué cosas y antes de qué fecha. La diferencia entre fijar objetivos inconcretos y no fijarlos, es prácticamente inexistente.

2.Hazlo digerible

Tu objetivo debe ser digerible. Debe ser algo fácil de cumplir. Que no te empache. Mejor empezar bajo, cumplir y subir, que empezar alto, no cumplir y bajar. Lo primero fomenta la motivación y lo segundo la destruye. Ya sé que ahora mismo el nivel cinco te parece demasiado sencillo y prefieres empezar por el diez, pero no me interesa tu velocidad de arranque, sino tu velocidad de crucero. Demuéstrate primero que mantienes la regularidad en el cinco y, solo entonces, avanza al siguiente nivel.

Del libro “Los 88 Peldaños del Éxito”

3. La tolerancia-cero

Cuando tengas decidido el objetivo divídelo en dos: el óptimo y el de tolerancia cero. El óptimo es el idóneo, pero al mismo tiempo es retador, difícil. El de tolerancia cero es subóptimo, pero es sencillo, fácilmente alcanzable. Mientras estés entre uno y otro, tu avance no peligrará. Pasarte de máximos te generará altibajos y no alcanzar los mínimos hará que entres en el terreno más pantanoso de todos, que es la desidia. De ahí al fracaso hay un paso.

He aquí el funcionamiento del objetivo tolerancia cero.

Imagínate el día en que te encuentres más desmotivado, cansado y desmoralizado; el día que más peligre el cumplimiento del objetivo. Ahora determina el objetivo mínimo que incluso en un día así estarías dispuesto a cumplir. Ése es tu objetivo de tolerancia-cero. Aquel que sea tan fácil de cumplir que, pase lo que pase, no exista ninguna excusa que justifique su incumplimiento. Una vez fijado, cúmplelo siempre. No te permitas ninguna excepción. Si tu objetivo era entrenar 30 minutos al día, un ejemplo de tolerancia-cero sería entrenar solo cinco y hacer 10 flexiones o 20 abdominales, esto es, algo tan sencillo que lo puedas cumplir incluso el día en que estés más desganado. El objetivo de tolerancia-cero apenas te hace avanzar en tu objetivo global. Su función no es que avances, sino que no rompas el contacto con tu meta.

4. La locomotora

Cada día que cumplas tu objetivo tómalo como que has construido un vagón de la locomotora. Si fallas uno, la locomotora se desengancha y hay que empezar una nueva de cero. Muy importante respetar esta regla: solo sirven las locomotoras enteras, esto es, número de días consecutivos que has cumplido. Sin interrupciones. Recuerda que las justificaciones no valen porque fuiste tú quien se marcó ese mínimo anti-excusas para los días en los que te resultase más complicado. Anota en una hoja de papel cada día que no fracasas. Puedes fracasar en el óptimo pero no en el de tolerancia cero. Te recomiendo que lo hagas de una forma muy visual, dibujando cuadrados que identifiquen los días, incluso sobre un calendario, de tal forma que cada día cumplido, puedas señalarlo con color y así ver gráficamente tu constancia en forma de bloques. El objetivo de esta técnica es que no rompas la constancia ni un solo día y luchar para conseguir que la locomotora sea lo más larga posible. El saber que romper la cadena te hace empezar de cero, te motivará para no fallar ni un solo día.

5. Los despertadores

Este último punto es el que, una vez puesto en marcha, tiene un efecto más inmediato.Los despertadoresson disparadores que pones en tu vida para activar el cumplimiento del objetivo. Son hechos fijos que tú eliges y que preceden al instante en el que empezarás con tu objetivo. Sin dilación. Un despertador sería la cena, la ducha, la salida del trabajo, la entrada al colegio de tus hijos, tu llegada a casa, despertarse por la mañana, cuando terminan las noticias… Tienen que ser hechos que suceden con regularidad y predecibles. Siguiendo el ejemplo del deporte, si tu objetivo es ponerte en forma, puedes fijar como momento despertador tu llegada a casa o el momento en que tus hijos se acuestan para ponerte las zapatillas y empezar a correr. La clave está en las palabras «sin dilación». Es muy importante que sea de inmediato y que no exista una actividad entre el despertador y la puesta en marcha. Lo que los despertadores aportan es concreción y claridad, eliminan la desidia y la pereza porque la hacen innegociable y te dan un punto muy claro de cuándo ponerte con ello.

Si un grupo de personas alcanza el éxito por fijarse objetivos y otro no lo alcanza por no hacerlo, no esperes conseguir lo mismo que los primeros siendo parte de los segundos.

Fijar objetivos es reducir la distancia que te separa de ellos