Liderazgo orientado a la persona

La importancia de un buen clima emocional en el entorno laboral  incide de manera directa en la productividad de los empleados. Para las organizaciones y en particular para los empleados, contar con un liderazgo que permanece presente y conectado con las demás personas es más importante aún que recibir un salario elevado.

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Reclutar jugando

La Gamificación (del inglés, game, juego) es un concepto cada día más implementado en las empresas y que consiste en “la aplicación de conceptos y técnicas de la teoría de juegos a contextos ajenos al juego”. La idea no es otra que motivar a los empleados de una empresa a través de diferentes juegos; todos conocemos por ejemplo la elección en algunas empresas del empleado del mes al que se le recompensa con alguna “condecoración” ficticia o incluso con recompensas como poder elegir turno de vacaciones u otros beneficios.

Este concepto es aplicable a cualquiera de las múltiples áreas que podemos encontrar en las organizaciones, como por ejemplo Recursos Humanos, siendo el objetivo la integración del juego en los procesos de selección de personal y de la gestión del talento con el fin de reclutar para la empresa a los mejores candidatos para un puesto de trabajo.

Y por si a alguien no le parece serio reclutar de esta manera, vamos a hablar de algunos beneficios de este tipo de reclutamiento con gamificación:

Para el candidato: al realizar un proceso de selección donde se incluyen componentes lúdicos, el candidato se va a sentir más relajado más cómodo y seguramente más motivado a participar, toda vez que va a salir de los procesos habituales de selección que son bastante tediosos y aburridos. El juego debe cumplir con el método de las tres F’s de Gabe Zichermann: Feedback, Friends & Fun. El juego permite un feedback continuo entre candidato y reclutador, ayudando a involucrar mucho más a los candidatos con la empresa y conviertiendo el proceso en algo divertido.

Para el reclutador: por un lado, se va a ahorrar mucho tiempo ya que no va a tener que esperar a recibir miles de CVs, por otro lado también va a ser más divertido que la lectura fatigosa de cientos de currículums, todos ellos muy parecidos en formato y contenido. Y algo aun más importante, el proceso de selección va a ser mucho más objetivo, puesto que la elección del candidato no va a estar manipulada por decisiones personales ni por cuestiones subjetivas; los resultados nos los va a dar el propio juego que hayamos utilizado para la selección. En otras palabras, el reclutador va a evitar el conocido como efecto halo en los procesos de selección.

El efecto halo es un hallazgo importante de la Psicología social. Hace referencia a la tendencia a generalizar un rasgo positivo o negativo de una persona y basándonos en ese rasgo crear una opinión sobre esa persona. Ejemplo, si alguien es muy guapo o atractivo le atribuimos otros rasgos de personalidad atractivos sin saber si los tiene o no. De esta forma cuando no tenemos suficientes datos para generar un juicio profundo sobre aspectos o personas tendemos a usar el efecto halo.

Fuente: imf-formacion

Salta a tus sueños

  “Los sueños, los deseos, tienen algo parecido a esta escena. Hay un momento en el que para alcanzarlos tienes que saltar, tienes que separarte del suelo para poder llegar a ellos. Ese instante, o ese tiempo, te produce vértigo, te puede paralizar el miedo o sencillamente el deseo puede que no tenga tanta fuerza como para saltar y correr el riesgo de fracasar, de darte un buen golpe. Pero si no saltas, nunca lo alcanzarás.

El suelo son nuestras seguridades, lo conocido, lo que ya tenemos. El suelo es nuestra realidad. No tiene sentido vivir como si no existiera, esa es la actitud del escéptico.  

 Renegar del suelo que nos sostiene es vivir maldiciendo nuestra realidad no aceptándola. Cuanta amargura, y cuanto cansancio se acumulan por esta incapacidad para conocer el suelo que pisamos, por negarnos a aceptar la realidad, le echamos la culpa al empedrado por no aceptar que somos nosotros (y nuestras limitaciones) los que no conseguimos caminar con entereza en la vida. El que no acepta el suelo por el que pisa no puede saltar, nunca será lo suficientemente plano, nunca será el momento oportuno o nunca estarán las cosas suficientemente claras. El que no acepta su realidad no puede pretender otra distinta, nunca puede llegar a su destino el que no ha empezado el camino.

Otros, sin embargo, siguen tan pegados al suelo (realistas se dicen) que es imposible para ellos saltar, o soñar, que es lo mismo. La realidad para ellos es como el asfalto en los días calurosos de verano: se te pega en los zapatos. Están tan atrapados en el presente, son tan equilibrados y prudentes que no hay nada que les conmueva lo suficiente como para intentar saltar, soñar, quiero decir. Para estos el deseo tiene que ser algo tan estructurado, claro, definido, preciso, que obviamente, ya no es un deseo sino una obligación. Y entonces sí, entonces se asume como otra carga más de la vida. El sobrepeso hace que nuestros pies se peguen un poco más en el asfalto, pero a esto lo llamamos sensatez.       

Cuando uno no se lamenta del suelo que pisa, al contrario, cuando uno vive agradecido por cada tramo del camino. Cuando eres consciente de tus limitaciones, pero pisas con la confianza del que sabe que la vida está llena de nuevas de posibilidades, de metas que todavía no has superado, de encuentros que todavía no se han producido, de llamadas a las que no has respondido, entonces es posible descubrir el deseo que tira de ti. El deseo que te invita a saltar, perdón a soñar, desde lo conocido a lo nuevo. Un nuevo proyecto, un nuevo compromiso, una nueva amistad; y están, por supuesto, los momentos del riesgo, y del hormigueo en el estómago. Pero también está la serena confianza de que podemos y queremos saltar. No al vacío, sino al encuentro. 

Es curioso, han pasado años, pero cada vez que me encuentro en un momento así siento un regusto salado en los labios.”

Leído de un autor que desconozco pero necesario compartir.

 

Resistencia al cambio

Es habitual la resistencia al cambio, pero debemos convencernos de que detrás de ese cambio hay un mundo nuevo que merece la pena transitar.

Debemos evitar quedarnos anclados en nuestros logros, experimentar nuevas habilidades. Salir de la zona de confort y no conformarse, son motores que mueven el liderazgo.