Empresa y personas discapacitadas

De un tiempo atrás se detecta un paulatino cambio de mentalidad en la cultura corporativa de las empresas al hecho de que las nuevas generaciones con discapacidad se planteen un futuro profesional en el que puedan trabajar, rompiendo la anacrónica tradición que relaciona a la persona con discapacidad con la inactividad y la dependencia, pasando por una nueva legislación más eficiente.

Sin embargo las siguientes razones que justifican la baja participación:

– Falta de programas educativos específicos que garanticen la formación igualitaria de las personas con discapacidad.

– Carencia de recursos para la búsqueda de empleo. En muchos casos, las personas con discapacidad encuentran barreras adicionales en su búsqueda de trabajo: desconocimiento, dificultades de comunicación, comprensión, etc. Necesitan apoyos adicionales para enfrentarse al proceso de buscar trabajo y encontrarlos no siempre resulta sencillo.

– Barreras en las empresas en forma de temor a contratar a personas con discapacidad, en la mayor parte de los casos por desconocimiento, falta de experiencias previas o estereotipos obsoletos que asocian a la persona con discapacidad con menor productividad.
Estas barreras en el tejido empresarial, muchas veces se trasladan a la propia persona con discapacidad, repercutiendo negativamente en su autoestima y, por tanto, mermando su intención de trabajar.

– Un sistema de prestaciones que, si bien en muchos casos es necesario para garantizar unos ingresos mínimos, en otras ocasiones puede promover la inactividad de personas que sí cuentan con competencias para el empleo.

Aún es largo el camino por recorrer pero lo importante es continuar apoyando en todos los frentes para que progresivamente este colectivo maravilloso pueda incorporarse a las plantillas de las empresas.

¿Cuánto cobraré al jubilarme?

¿Cuánto cobraré de pensión al jubilarme? ¿Será suficiente o tendré que ahorrar antes para lograr una hucha suficiente? Quien más quien menos se ha hecho alguna vez estas preguntas sin tener muy claras las respuestas.

Es prácticamente imposible conocer la prestación que podrá cobrar un joven que hoy inicie su carrera laboral y cuya fecha de jubilación puede tardar más de tres décadas en llegar. Cuanto más lejos quede ese momento más difícil es realizar una aproximación y viceversa.

Los gobiernos han aplicado el denominado factor de sostenibilidad que se traduce en un recorte de la pensión que paga el Estado. En España estos cambios han recortado en ocho puntos porcentuales la tasa de sustitución que mide el porcentaje que representa la prestación de la Seguridad Social respecto al último salario. Este indicador ha pasado de una media del 81% al 73%.

Quienes tengan unos ingresos más modestos durante su vida en activo notarán menos el paso a la jubilación, al menos desde el punto de vista económico.

Una persona de treinta años con unos ingresos anuales de 20.000 euros necesitará cubrir todos los años un desfase de 5.946 euros para alcanzar una pensión similar a su último salario, según el estudio de estimaciones realizado por Cajamar para EXPANSIÓN. Para ello, deberá ahorrar 874 euros anuales, si obtiene una rentabilidad media anual del 4% ó 1.544 euros si esta ganancia es del 2%.

Si esta misma persona tuviera unos ingresos de 80.000 euros, su desfase entre el último sueldo y la pensión se multiplica por 21 y llegaría a 127.131 euros. Su esfuerzo de ahorro sería de 33.027 euros cada año, con una rentabilidad del 2%, y de 18.704 euros si logra el 4%.

Para los más mayores, el tiempo juega en contra. Un trabajador con sesenta años y unos ingresos de 20.000 euros, se encontrará con una diferencia anual de 1.293 euros entre su última nómina y su pensión. Para cubrir esta brecha necesitaría 4.688 euros (al 2%) ó 3.699 (al 4%), según los cálculos de Cajamar.

En el supuesto de que esta misma persona tuviera unos ingresos anuales de 60.000 euros su ahorro necesario se dispararía a 108.479 euros anuales con una rentabilidad del 2% y al 85.603 euros con un 4%.

Conclusiones
“Como conclusión del estudio podemos afirmar que, si no se sensibiliza la sociedad en empezar pronto a ahorrar para su jubilación, cuando se decida, será demasiado tarde”.

El informe de Cajamar pone de relieve que en los casos de mayores rentas, el esfuerzo ahorrador necesario supera la aportación máxima de 8.000 euros anuales que se puede hacer a planes de pensiones, de forma que para cubrir las necesidades al cien por cien habría que contratar otros productos financieros señalan en Cajamar.

A esto se une “la actual situación de tipos de interés a la baja, que impide una rápida capitalización a corto plazo”.

La rentabilidad obtenida por el ahorro es una de las claves para acumular una hucha suficiente.

Fuente: Expansión