Todos nos esperamos

La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.

Yo soy yo, vosotros sois vosotros.

Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo

Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente.

No toméis un aire solemne y triste.

Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí.

Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra.

La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado.

Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?

Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino.

Veis? Todo está bien.

Mucho ánimo!

Miedo a la libertad

Hace muchos años, en alguna parte, nació un niño con una leve singularidad, una cadena invisible que le ataba a una piedra. Él era ignorante de ello, pero era apreciable por todos los que le rodeaban, y no lo notaba porque era una piedra muy ligera con la cadena pequeña y suave, como un hilito. Tampoco podía apreciarlo porque no sabía diferenciar lo que era y lo que no era, dado que no conocía otra condición.

El niño iba creciendo y la piedra también, era parte de su cuerpo, de su ser y no había preguntas.

Con el tiempo el niño se hizo hombre y adquirió conocimientos de libros, personas y paisajes hasta que un día pensó que era distinto a los demás. Le costaba caminar y no sabía porqué, no podía comprender porqué todos los demás iban y venían con tanta ligereza que le temblaba el alma, se sentía inmerso en un mundo interior, un mundo distinto hecho solo para él y todo lo demás era un escaparate con cristales irromplbles.

Un día su amiga la luna le habló para decirle algo importante: “no puedes moverte porque tienes una piedra desde tu nacimiento, una piedra tan grande que te ha inmovilizado, no la puedes ver pero yo te la mostraré.”

Y la vió, y vió que era parte de su ser desde siempre, pero no era su amiga, era su carcelera.

Decidió cortar esa cadena que ya no era tan ligera y para ello tuvo que pedir ayuda, tuvo que recurrir a la tormenta. Sufrió la lluvia, el frío, el viento, hasta que un rayo la partió para siempre y sintió el dolor, era un sufrimiento infinito e inacabable.

De repente un día le dejó de doler y empezó a sentirse de agua, flotaba placenteramente y se dejaba llevar, él no sabía caminar e iba sin rumbo fijo. Terminó de flotar y empezó a caminar, paso a paso con mucho cuidado, se cansó de caminar y empezó a correr, correr y correr hasta que ya nadie le alcanzaba. Tenía que llenarse de kilómetros para poder llegar muy lejos, llegó tan lejos que se llenó de estrellas y pudo dar un beso a la luna.

Consiguió llegó mas lejos que nadie y conoció la libertad, el infinito, la luna, las estrellas y la tormenta y se sintió felíz.

Al final de sus días pensaba a veces en la piedra y se sentía agradecido porque le brindó algo muy importante, gracias a ella había conocido el significado de la libertad.

La piedra tenía un nombre y vagaba eternamente hasta encontrar otro pie al que amarrarse, su nombre era Miedo.

Ana E. Pérez

Mi alma tiene prisa

Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora.
Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces; los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa… Sin muchos dulces en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana. Que sepa reír de sus errores. Que no se envanezca, con sus triunfos. Que no se considere electa antes de la hora. Que no huya de sus responsabilidades. Que defienda la dignidad humana. Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas…
Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma
Sí…, tengo prisa…, tengo prisa por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una…….

Mario de Andarde (poeta)