Interior y exterior

Mientras vivimos, estamos siempre ocupados en algo. En su mayor parte, nos empleamos en actividades exteriores: caminamos, hablamos, conducimos,… Es verdad que en medio de esto, pensamos en algo y experimentamos distintas sensaciones; sin embargo, la atención permanece sobre todo concentrada en lo externo, en lo que está fuera de nosotros.

Necesitamos “visitar” más a menudo nuestro interior para recapacitar sobre esa contradicción que es nuestra vida hacia lo externo y la que nuestra verdadera conciencia y persona nos llama. La verdadera conciencia que reside en el corazón pero que el corazón pocas veces consigue ponerla en práctica exteriormente. Es como aquel jefe que, una vez que ha dado las órdenes, se encierra en su despacho mientras los empleados hacen lo que quieren.

Pensamiento y acción son alma y cuerpo. Solemos decir que la cara es el espejo del alma, pero no revela completamente ese misterio que, por otra parte, debiera ser más diáfano y coherente.

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