El valor de lo intangible


Pensar que solo tiene valor aquello que puede contarse numérica o matemáticamente puede ser una equivocación.

En nuestras organizaciones y equipos nos rodeamos de personas que como tales tienen un valor intangible que necesitamos descubrir, pero a menudo se trata de un valor que pasamos fácilmente por alto.

No sólo se crea valor a partir de lo material sino que hace falta desarrollar capacidades para saber sacar valor de esos activos intangibles, entre los cuales podemos encontrar el talento de los equipos, la generación de confianza entre los grupos de interés, como también lo son la marca y la reputación,…

Todo cuenta y puede crear valor sostenible a largo plazo. Sería una lástima que precisamente las personas y su valía estemos desaprovechándola cuando hablamos de crecer como personas y en la eficiencia del desempeño diario.

Atención: Conducta ambiciosa…


A menudo nos cruzamos con personas que desean un crecimiento rápido que alcance sus objetivos personales y sin miramientos. Aquellos que así actúan, acortan el camino sustentándose en otros que “apoyen el proceso”. Parecida a la fábula de un hombre que poniendo el pie sobre otro para llegar más alto argumentaba: “Yo no le estoy pasando por encima, estoy usando su ayuda para cumplir mi sueño…”. Una cosa es pedir una mano y otra apoyar el pie. 
En una época donde todo se basa en la inmediatez, en la que todo, hasta la persona parece un artículo desechable y el individualismo pasa por encima del equipo, este método es la opción escogida por la conducta ambiciosa, una conducta imprescindible detectar y vigilar para convertirla y humanizarla. Humanizar al equipo es la mejor de las inversiones.

Cuanto más miras, más ves

La percepción es selectiva y no todos vemos lo mismo o vemos… diferente. Cuando nos tratamos entre personas ocurre lo mismo, razón por la que es tan importante entender que cada individuo ve y vive cosas diferentes.
De ahí la necesidad de a menudo, por no decir constantemente, comprobar observando y rebobinando cada vez.
Sólo asi podremos entender que sucede a nuestro alrededor y no dar nada por sentado.

Hagamos este ejercicio de precisión utilizando un antiguo video demostrativo del título de este post: https://youtu.be/zvyxpHMmgU8

Contratación de personas en riesgo de exclusión

El hecho de que la contratación de personas en riesgo de exclusión crezca a un ritmo mayor que la del resto de la población es alentador y da cuenta de que la recuperación económica está siendo inclusiva, pero hemos de tener en cuenta que venimos de muy abajo, ya que las personas con discapacidad o los mayores de 45 años fueron los más afectados por la crisis. En este sentido, aún queda un inmenso camino por recorrer para igualar su situación laboral a la del resto de la población.

Iniciativas como el voluntariado corporativo o las jornadas de sensibilización, están impactando en la cultura de las empresas, donde se observa una mayor predisposición a la hora de incorporar perfiles que, a priori, descartaban por circunstancias socioeconómicas como tener más de 45 años o un certificado de discapacidad.

El exceso, el veneno de la razón

De vez en cuando, nos topamos con gente que se excede tanto en algo comúnmente aceptado como bueno que nos encontramos con otro tipo de problema: cómo frenar el exceso de algo en principio bueno, pero que si se lleva a límites excesivos se convierte en malo. Es el defecto del exceso.

Probablemente, el límite por exceso se atraviesa cuando las personas que sienten rechazo hacia la actitud desmedida no son casos aislados sino que reflejan el sentir de la mayoría. Quevedo decía que “el exceso es el veneno de la razón”. Cuando esa actitud desproporcionada pertenece a alguien cercano, personal o profesionalmente, el mejor favor que podemos hacerle es hablar con él al respecto, de forma asertiva, para intentar “desintoxicar” su supuesta razón.

by Enrique de Mora

¿Organizar personas?

A menudo se escucha en las empresas la necesidad de organizar a las personas que allí trabajan, en vez de organizar estructuras o puestos.

Y a pesar de la insistencia y empeño en conseguir organizar a las personas, cuesta reconocer que en la empresa como en la vida solamente hay tres cosas que pueden organizarse: el tiempo, el espacio y el trabajo. Y por tanto sólo se puede organizar el trabajo que hacen esas personas.

Todo intento de organizar a las personas, en lugar de su trabajo, conduce exactamente a lo contrario de lo que se supone que la organización ha de lograr. En lugar de orden, genera caos. En lugar de facilitar las cosas, las complica. En lugar de eficiencia, genera aburrimiento. En lugar de flexibilidad, genera burocracia. En lugar de espacio, genera confinamiento.