ODS vs ODM

A menudo escuchamos hablar de la Agenda para los Objetivos de Desarrollo del Millenio (ODM) y últimamente de Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) pero cabe la duda de si hablamos de lo mismo o de cosas diferentes.

A continuación las diferencias:

Sostenibilidad. La nueva hoja de ruta pone en el centro una cuestión que había permanecido en un segundo plano: el modelo actual es insostenible. Para garantizar la vida y los derechos de las personas y el planeta tierra, el modelo a seguir tiene que ser sostenible.

Equidad. Los ODM se basaban en promedios nacionales y no contaban con la realidad de las comunidades más vulnerables y alejadas. Los ODS tienen en cuenta más parámetros que reflejan mejor la realidad.

Universalidad. Mientras los ODM trabajaban las metas solo en los países en desarrollo, los ODS establecen que todos los problemas están interconectados y hay que abordarlos desde todos los países.

Compromiso. Ahora, los ODS comprometen a todos los países del mundo. Esto significa que el Gobierno de España tendrá que aplicarlos en sus políticas internas, y por lo tanto debemos exigírselo a nuestros representantes políticos.

Alcance. Frente a los 8 ODM, ahora tenemos 17 ODS con 169 metas a alcanzar incluyendo por primera vez cuestiones fundamentales como el empleo digno o el cambio climático.

En resumen, sostenibilidad, equidad, universalidad, compromiso y alcance son los rasgos diferenciadores por los que esta Agenda de Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) apuesta, una oportunidad única de ciudadanía global para construir un mundo sostenible para todas las personas.

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Empleo par jóvenes en riesgo de exclusión

enriesgo

Como sabemos, los colectivos juveniles más vulnerables y en riesgo de exclusión social, tienen mayores dificultades para acceder al mercado laboral. Jóvenes con altas tasas de abandono escolar, menores niveles de estudio y con alta temporalidad en sus contratos. Jóvenes que, sin perspectivas de acceder a un empleo, quedan lamentablemente condenados a unas elevadas probabilidades de hacer crónica su situación de exclusión.

El Observatorio Empresarial contra la Pobreza ha centrado su investigación del 2016 en el desarrollo de radiografía de las causas y efectos del desempleo juvenil y de cómo la empresa, en coordinación con otros actores, puede contribuir de manera eficaz a mitigar los altos índices de paro juvenil con los que cuenta España.

En este informe además, se analizan en particular las brechas y barreras existentes para los jóvenes más vulnerables desde el punto de vista de la demanda laboral (tales como políticas de recursos humanos, consecuencias de las últimas reformas políticas laborales llevadas a cabo en materia de empleo), así como desde el punto de vista de la oferta laboral, (aquellas que inciden en la educación y formación, empleabilidad y en el emprendimiento y autoempleo). Además, el informe destaca además el papel que determinadas entidades sociales desempeñan para favorecer la empleabilidad de los jóvenes más vulnerables y la importancia que tiene el apoyo integral de las empresas en estos procesos.

El VALOR SOCIAL, ese intangible

Si bien el valor de una empresa se mide en gran parte por la contabilidad, sistema creado por el franciscano Luca Paccioli en el ya muy lejano 1494, en donde se asientan valores concretos y materiales de las transacciones monetarias y financieras, es posible considerar que ese valor de la empresa está empezando a tomar en cuenta factores intangibles que también suman

En retrospectiva, tal vez en los últimos 20 ó 25 años y de manera creciente, se han ido agregando aspectos que antes se desdeñaban o simplemente ignoraban por considerarse que no daban ninguna aportación; y por otra parte, algunos que se manejaban como vitales o muy importantes han comenzado a perder valor.

En el primer caso se encuentran factores eminentemente humanos, concretamente son la confianza, la ética y todo lo relacionado al compromiso social; en otras palabras, el valor de una empresa ya no es solamente los activos fijos o las inversiones monetarias, aspectos que se han ido desvalorizando en gran medida por los cada vez más rápidos avances tecnológicos.

Por esto que hemos visto en el pasado reciente, es ya un hecho que el valor de una empresa está cada vez más ligado en mucho por la forma como es percibida por la sociedad en general, por los inversionistas en particular, y primordialmente por su grado de compromiso con sus grupos de interés, ya sean proveedores, personal y clientes.

Esa percepción se refiere concretamente a los aspectos antes mencionados como la confianza y el compromiso social principalmente, estos temas primordialmente generan algo llamado Valor Social, valor que ha venido adquiriendo más importancia con el paso de los años, y que ni siquiera era considerado en los libros de administración o economía en el siglo pasado.

Este Valor Social que no aparece en el estado de resultados ni tiene ninguna partida contable, y que es algo intangible, también suma o aumenta el valor monetario de cualquier organización. Esto que ya se empieza a ver con cierta naturalidad, puede ser considerado como algo distorsionado, es decir: ¿Cómo algo intangible puede aumentar el valor monetario de la empresa?

Tal vez esto se deba a que ahora ya se ha empezado a revalorar ese compromiso social y la responsabilidad que surge de este compromiso. En retrospectiva nuevamente, durante muchos años que abarcan siglos, lo material y su valor en dinero fue y todavía sigue siendo el paradigma imperante, pero, aspectos como la confianza que no pueden ser vistos de manera tridimensional, de alguna manera indirecta puede ser vista de manera concreta a través de la forma como es reconocida y aceptada una organización a través de sus ventas por ejemplo, o bien por el valor monetario que le otorgan los inversionistas. Algo similar sucede con el compromiso social.

Ese compromiso social considera además de la responsabilidad como antes se mencionó, también la aportación por parte de la misma empresa de los valores que maneja en su operación como la ética, y que son asimilados por la sociedad en general a través de sus grupos de interés.

De forma optimista, es posible que estemos entrando en una época en que lo social sea lo primordial y no solamente lo monetario.

Fuente: Ecologíasocial

Empresa y personas discapacitadas

De un tiempo atrás se detecta un paulatino cambio de mentalidad en la cultura corporativa de las empresas al hecho de que las nuevas generaciones con discapacidad se planteen un futuro profesional en el que puedan trabajar, rompiendo la anacrónica tradición que relaciona a la persona con discapacidad con la inactividad y la dependencia, pasando por una nueva legislación más eficiente.

Sin embargo las siguientes razones que justifican la baja participación:

– Falta de programas educativos específicos que garanticen la formación igualitaria de las personas con discapacidad.

– Carencia de recursos para la búsqueda de empleo. En muchos casos, las personas con discapacidad encuentran barreras adicionales en su búsqueda de trabajo: desconocimiento, dificultades de comunicación, comprensión, etc. Necesitan apoyos adicionales para enfrentarse al proceso de buscar trabajo y encontrarlos no siempre resulta sencillo.

– Barreras en las empresas en forma de temor a contratar a personas con discapacidad, en la mayor parte de los casos por desconocimiento, falta de experiencias previas o estereotipos obsoletos que asocian a la persona con discapacidad con menor productividad.
Estas barreras en el tejido empresarial, muchas veces se trasladan a la propia persona con discapacidad, repercutiendo negativamente en su autoestima y, por tanto, mermando su intención de trabajar.

– Un sistema de prestaciones que, si bien en muchos casos es necesario para garantizar unos ingresos mínimos, en otras ocasiones puede promover la inactividad de personas que sí cuentan con competencias para el empleo.

Aún es largo el camino por recorrer pero lo importante es continuar apoyando en todos los frentes para que progresivamente este colectivo maravilloso pueda incorporarse a las plantillas de las empresas.

De la responsabilidad social corporativa al valor compartido

Las empresas en la actualidad necesitan llevar a cabo mucha innovación y cambios para competir y seguir siendo líderes  entre los consumidores. La consabida globalización ha demostrado que mantiene a flote únicamente a aquellas empresas con las competencias suficientes y necesarias para sobresalir en el mercado, y de esta forma posicionarse y convertirse en una empresa rentable y sostenible.

Por otro lado, la imagen de las empresas ante los continuos altibajos económicos en casi todos los países, se ha ido enturbiando y denostando. Ante la sociedad, las organizaciones solo velan por sus intereses y por obtener rentabilidad sin importar mucho lo que tengan que hacer en su proceso, desde afectar al medio ambiente, aprovecharse de productores y trabajadores, hasta sacar el máximo provecho del consumidor y cliente.

Pero el mundo empresarial se ha dado cuenta de que la sociedad empujada por las nuevas generaciones, demanda un cambio en ese modelo de gestión y hoy en día, casi toda organización que se precie, cuenta en su estructura con un área o departamento de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), una definición que mitigue la percepción de una supuesta falta de interés empresarial en la sociedad y su entorno por ese desmedido afán únicamente comercial.

Poco a poco la RSC se ha ido rodeando de prestigio con la realización de actividades de voluntariado corporativo y acciones de filantropía destinadas a organismos e instituciones que velan por las causas más desfavorecidas y a la sostenibilidad del medioambiente, apareciendo de este modo como la figura del bienhechor que las empresas necesitaban en su organizaciones. Y hasta aquí, nada que objetar.

Sin embargo y si hacemos un esfuerzo por analizar el servicio que hace la RSC en la estructura de la organización, encontramos que este área a menudo está desprovista de valor para la empresa ya que si bien su finalidad es el apoyo a las causas sociales, pocas veces está relacionada con las actividad empresarial quedándose meramente en actos aislados de solidaridad y altruismo que como mucho repercuten en una supuesta mejora de imagen para la empresa. Por tanto con poco presupuesto y sin voz propia en la organización como para proponer un giro de timón.

Quizás deberíamos de empezar a redefinir el término y concepto de la RSC de manera que su valor sea un equilibrio entre las actividades comerciales y de negocio que contribuyan al crecimiento y la sostenibilidad de la empresa junto a las actividades que favorecen al entorno social, un Valor Compartido de la empresa con la sociedad.

Así, una propuesta a las organizaciones podría ser retribuir al entorno social una parte de los beneficios que obtiene durante las actividades empresariales; toda esa retribución de las empresas para la sociedad se alcanza a través de las propuestas y tareas que la empresa destina para su logro.

Responsabilidad, Sociedad y Empresa

La Responsabilidad Social (RS) afortunadamente hace tiempo que dejó de ser un término novedoso, y hoy, el día a día nos muestra que la sociedad es cada vez más sensible a comportamientos inadecuados de las empresas y poco a poco tienden a castigar a las compañías no responsables.
Ambos caminos, mayor sensibilidad de las empresas y mayor exigencia de los ciudadanos confluye en el avance vigoroso de lo que englobamos bajo el concepto de Desarrollo Sostenible de las empresas.

Para que una empresa sea realmente responsable y sostenible debe de asumir plenamente que, además de cumplir un papel económico, tiene un papel social en el entramado que hace referencia a su nombre. Hacer de esto una profunda convicción y actuar de acuerdo con ella. Y paralelamente dotarse de un código de comportamiento ético que enmarque la acción de todos los componentes de la empresa, en particular de sus directivos.

Es obvio que la primera responsabilidad social de una empresa es sobrevivir en entornos muy difíciles y preservar cuantos más puestos de trabajo. Sin embargo tendrá que estar al tanto de las nuevas tendencias en Responsabilidad Corporativa (RC) resaltando algunas como la importancia que está adquiriendo la figura de los Chief Sustainability Officer en las compañías, la innovación social, la presencia de mujeres en los órganos de dirección, la vinculación de las acciones en RC al retorno de la inversión o la gestión de la ética y compliance como piedras angulares de la empresa del futuro, entre otros.

De ahí que la responsabilidad social (RS) está llamada a ser un elemento imprescindible de cara a la sostenibilidad y a la competitividad de las organizaciones y que, por tanto, tiene que ser algo fundamental que esté en la base de la actividad general de cualquier organización.

Así pues, el punto de partida será tratar de crear cultura y conocimiento en el ámbito de la RS y, además, difundirlo y formar a nuestra sociedad en su conjunto en este terreno para tratar de encaminarnos realmente hacia un futuro que sea sostenible para todos, para nosotros y para las futuras generaciones.