Mantener el talento

Hoy en día, con la creciente importancia del talento como valor para las organizaciones, se habla mucho de cómo atraer a la mejor gente y como retenerla. Es decir de “qué hacer”. En este caso, os proponemos 10 cosas que no debes hacer si quieres que el talento no se escape de tu empresa.

  1. Tratar a todos por igual. Puede sonar bien, pero la realidad es que tus empleados NO son iguales. Algunos son mejores por que producen más y mejores resultados, y no todos necesitan del mismo trato y sensibilidad. Ahí está la capacidad de cada empresa para adaptarse. Lo importante no es tratarles igual, sino tratarles justamente.
  2. Tolerar la mediocridad. No se trata de combatir a los mediocres, sino a la mediocridad. Hacer que todos busquen activamente su máximo potencial independientemente de cual sea este. Si la mediocridad se hace un hueco, puede que toda la plantilla se vuelva mediocre por inercia, y aquellos que no deseen entregarse a esta huirán.
  3. Funcionar con reglas estúpidas. No quiere decir que no haya reglas. Se trata de no tener reglas ESTÚPIDAS. Los buenos empleados quieren tener buenas guías y una buena dirección, pero no quieren tener esas reglas que se meten en medio de su trabajo o que entran en conflicto con los valores de la empresa. Coherencia.
  4. No reconocer las aportaciones y el desempeño excelente. Punto crítico. Si quieres que un resultado se repita recompénsalo inmediatamente. Hay que ser sensibles a la naturaleza del trabajo y de la propia recompensa, lo cual complica un poco el tema pero eso lo veremos otro día.
  5. Obviar la diversión en el trabajo. ¿Dónde está la regla escrita que dice que el trabajo ha de ser serio? Si la encuentras, rómpela en pedazos y písala fuerte, pues es enormemente contraproducente ( y seguramente disfrute y se ría). El lugar de trabajo debe ser divertido. Has de buscar activamente maneras de hacer del trabajo un lugar emocionante que genere confianza y camaradería, que haga felices a tus trabajadores y les motive a volver al día siguiente con fuerza renovada e ilusión.
  6. No informar bien a tu gente. Has de comunicar no solo lo bueno, sino también lo malo y lo feo. Si no lo cuentas tú, el rumor hará estragos…
  7. Dirección con pinzas. No digas solo qué quieres y para cuándo lo quieres. Trata de dar al trabajador la posibilidad de comprender por qué es necesario hacerlo y por qué su trabajo es importante. Además ayúdales a hacerlo y pregúntales sobre su propio trabajo y cómo creen que pueden hacerlo mejor.
  8. No elaborar una estrategia de retención del talento. Has de tener muy claro cuáles son las claves del talento en tu empresa, y planificar las acciones a llevar a cabo para garantizar la satisfacción y retención de estos. Esta carencia puede suponer un gran problema una vez se presente la fuga.
  9. No escuchar: Vivimos en un mundo en red, no escuchar es casi sinónimo de estar muerto o condenado. Necesitas saber por qué tu gente se va. Siempre que alguien decida abandonar tu empresa no olvides tener una entrevista con él tratando de aclarar y esclarecer los puntos a mejorar en opinión del que ha sido tu empleado, pos supuesto manteniendo la mente abierta y aceptando las críticas.
  10. Hacer de tu programa de bienvenida algo tedioso. Es curioso ver como muchas empresas malgastan los 60 primeros días en los que un empleado es más propenso a verse impactado por la actividad de la empresa en trámites burocráticos y procedimientos estándar. Estos días son críticos en la “decisión de compra” de tu empleado y serán en una referencia sobre lo que puede esperar de la compañía.

Si estás haciendo alguna de estas cosas ya sabes, puedes probar a consultar a tus empleados, puedes directamente cambiarlas, o puedes esperar a ver como los empleados huyen en el momento que tengan la oportunidad. En tus manos está.

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Lo que necesitan nuestros hijos

Si enumeramos los países que superan los índices de desempleo de España (donde pasamos del 26%), es probable que muchos de los lectores duden a la hora de colocarlos en el mapa (Camerún, Mali, República de Macedonia, Lesoto, Armenia, Yibuti, Islas Cocos, Turkmenistán….).

Evidentemente, este dato del desempleo en un país desarrollado como el nuestro es muy preocupante y, sin embargo, predomina en muchos de nosotros un sentimiento diferencial que nos incita a considerarnos afortunados y a pensar que nuestro futuro es prometedor, que en el 2014 llegará el maná. Seguro que sí, ojalá que sí. Es evidente que nuestro PIB crece, pero todos sabemos que los crecimientos por debajo del 1,2% de PIB anual no serán suficientes para reactivar la economía, para estimular el consumo y, sobre todo, para absorber el desempleo. Necesitamos paciencia.

En el caso de que las reformas implantadas, con el apoyo añadido del cambio de ciclo, dieran resultado, retomaríamos la senda de crecimiento. Pero esto no significará “salir de la crisis” puesto que, en mi opinión, ha surgido ahora un nuevo paradigma, una nueva forma de vivir el día a día, un nuevo sistema económico y unas reglas diferentes a las que nos regían hasta ahora y a las que estábamos acostumbrados. Los profesionales de más de 30 años tendremos que adaptarnos a las nuevas reglas del juego. Los trabajos no serán “para toda la vida”, ni siquiera para periodos largos, la búsqueda de oportunidades laborales será una constante, los proyectos serán la norma, los salarios serán cíclicos, se pagará por retos, llegará un momento en el que habrá que aportar algo en cada minuto para cobrar…… Y en esta nueva realidad, el ser humano tendrá que adaptarse constantemente a los cambios, vivirlos como un mundo de oportunidades, ser positivo y enseñar a sus hijos a ser cada vez más flexibles, aventureros, emprendedores e internacionales.

Es posible que la sociedad no sea capaz de mantener la economía del bienestar a la que estábamos acostumbrados, pero quizás sea el momento de recordar cómo surgió. Reconocer que fue creada por unas generaciones que creían en el esfuerzo, en el trabajo constante, en el estudio y en el ahorro. Y que los practicaban. Unas generaciones que vivieron las postguerras con austeridad y con prudencia. Unas generaciones a la que debemos lo que somos. Es el momento de reconocer que la generación de nuestros padres y de nuestros abuelos dejó un balance bastante más positivo del que hasta ahora hemos tenido tiempo de calcular.

No obstante, justo es reconocer que la economía del bienestar tiene también sus desventajas. Una de ellas, y no la menor, es que deja una población acostumbrada a pedir, una sociedad habituada a que “Papá-Estado” resuelva los problemas, una sociedad que reivindica derechos y más derechos. Si no encuentra bolsas de basura para la caca del perro en el parque del barrio….. ¡la culpa es del alcalde!

Y, lamentablemente, esta cultura va más allá de lo anecdótico para dejar unas secuelas que solo los padres seremos capaces de erradicar mediante la única cirugía posible: la formación.

La potencialidad de esta medida nos la han demostrado ya algunos países (Singapur, Corea del Sur…) que han logrado posicionarse como grandes potencias sin contar grandes recursos naturales. ¿Cómo lo han hecho? Con mucho, mucho, muchísimo esfuerzo en educación, con fe en las generaciones futuras e invirtiendo en ellas.

Y es ese el gran talón de Aquiles que la senda del crecimiento puede dejarnos. Podemos olvidarnos coyunturalmente de ello, pero es crucial gestionarlo. Los países que han invertido en educación han tenido frutos en menos de 20 años. ¿Y nosotros? El ministro Wert puede creer en este principio. Estoy seguro de que así es y de que procura actuar en consecuencia. Pero somos los padres los que nos jugamos que nuestros hijos no vivan el drama que muchas familias españolas están viviendo en estos momentos. Somos los padres los que nos debemos responsabilizar para que nuestros hijos aprendan a interpretar esas nuevas reglas del mercado laboral que muchos de nosotros desconocíamos hasta hace bien poco. 
En consecuencia, reconozcamos prioridades en nuestra calidad de directivos, de padres, de profesores:

1. Los idiomas no son opcionales. Si quieres que tus sucesores trabajen en un mundo global deberás obligarlos a que sean capaces de comunicarse con él. Ellos no son conscientes de lo importante que es. Tú sí.

2. Los trabajos no dependerán del empresario capitalista sino de lo que cada cual sea capaz de aportar día a día, desde que se levante hasta que se acueste.

3. Los horarios pasarán a segundo plano. Primará la responsabilidad, los objetivos… No tendrán que conciliar nada porque la vida será un concilio en sí misma.

4. El pueblo, la ciudad, el terruño, pueden ser un lastre para el desarrollo profesional. Si pensamos que debemos vivir donde hemos nacido estamos condenados a ser más pequeños, a tener menos oportunidades que el resto, a no disfrutar de la aldea global.

5. El valor del ahorro. Todavía suena mal, pero habrá que acostumbrarse a vivir sin subsidios, ni servicios “gratis total”, sin el mullido colchón del comodísimo estado del bienestar. A cada uno le esperará la confortable vejez que haya conseguido ahorrar. Los excesos están demodé. La opulencia es sinónimo de cárcel.

En el fondo, el hombre que se afana por los placeres que reporta el estudio y ordena su alma con templanza, con justicia, con valor, con libertad, con tolerancia y con responsabilidad, podría mutar en el ser que trasciende generación tras generación.

R.Vara (Lukkap Iberia)