La empresa y su obligada contribución a la mejora social

Según conclusiones aportadas por el Barómetro Edelman de Confianza 2016, nos indica que el 80% de los encuestados acerca del valor de la reputación y los intangibles en el contexto económico actual afirman que una compañía debe contribuir a una mejora de las condiciones sociales y económicas del entorno donde opera, además de sus propios beneficios económicos.

Estableciendo una comparativa a modo individual, las personas interactuamos unas con otras y reconocemos una serie de acciones y comportamientos que nos transmiten sensaciones tan humanas como la confianza, lealtad, honestidad o el espíritu de pertenencia. Las compañías y organizaciones no están exentas de dichas valoraciones y juicios por parte de sus consumidores, inversores y accionistas, adquiriendo de tal forma dicha “capacidad humana”.La gestión por parte de los consejos de administración y directivos de la citada capacidad, y su información a través del denominado reporting no financiero, se antoja clave en el desarrollo de las empresas en un contexto económico en el cual se demanda una mayor responsabilidad empresarial.

Fuente: KPMG

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Finanzas y Valores

La educación financiera tiene que incorporar los valores de la sociedad en la que vivimos, para incluir aspectos referidos a la responsabilidad del ahorrador, la sostenibilidad del destino que se le da a nuestro dinero, la financiación de proyectos respetuosos con el medio ambiente, con los derechos humanos, la transparencia en la información, la RSC de las empresas, etc.

La cultura financiera tenemos que entenderla de esta forma y estar a disposición de los formadores y del público en general el material necesario para adquirir estos conocimientos, siendo conscientes de que es una labor de todos y que solo con el esfuerzo y el apoyo de todos se lograrán dar pasos positivos en algo que es tan fundamental como la educación financiera.

El conflicto, ese aliado imprescindible

Todo entorno profesional supone desafíos en la manera en la que te relacionas con los demás. Sin embargo cuando el conflicto surge, conviene tener en cuenta algunas recomendaciones:

– Mantén la calma

Lo primero que debes tener en cuenta a la hora de lidiar con un conflicto, es que suelen escalar rápidamente una vez que se involucran las emociones. Muchos trabajadores tienen dificultades para verbalizar sus pensamientos y se frustran fácilmente y puede incluso dar lugar a violencia. Antes de enfrentar cualquier disputa, tómate un momento para respirar y tranquilizarte. Ordena tus pensamientos y asegúrate de mantener el buen trato.

– Decide cuáles son los resultados que deseas obtener de la disputa

Debes tener claro tus objetivos. ¿Quieres cambiar la manera de pensar de alguien o estás defendiendo tu postura personal? ¿La importancia radica en el asunto del conflicto o en la persona? Si no estás seguro acerca de estos puntos, tal vez ni siquiera deberías involucrarte. Debes determinar si el altercado tiene un fin útil.


– Tienes que estar dispuesto a ceder

No importa quién tenga la razón. Si ambas partes no creyeran estar en lo cierto, el conflicto no se habría producido. Es verdad que muchos sólo se enfrentan contigo porque pueden hacerlo, sin embargo debes saber que no podrás ganar siempre. En ocasiones si quieres alcanzar un acuerdo deberás ceder. No necesariamente debe haber un perdedor, pero a veces tendrás que tragar tu orgullo y ceder para que los demás puedan ganar una discusión.


– Realmente escucha a los demás

¿Cómo puedes intentar solucionar una disputa si no entiendes cuáles son los argumentos de ambas partes? Si no te muestras capaz de escuchar los argumentos de los demás, ¿por qué los demás deberían escuchar los tuyos? Al escuchar podrás comprender la perspectiva del otro. Incluso cuando creas saber qué piensa, tómate el tiempo de escucharlo. La manera más sencilla de resolver un conflicto es llevando al otro a comprender tu manera de ver las cosas, no indicándole qué hacer.


– Evita los ataques personales

Jamás insultes al otro. Piensa del modo que lo hace un político que quiere conseguir votos. Si los atacas o cuestionas su inteligencia mediante ofensas jamás se adherirán a tu causa. Para conseguir  simpatizantes necesitas generar respeto y eso se gana, no se exige.


– Desvincúlate del resultado

Sin importar qué tan bien hayas argumentado tu causa, siempre existe la chance de perder la disputa. En ocasiones tendrás que aceptar el fracaso y alejarte. Una buena manera de resolver un altercado sin tener que admitir la derrota es aceptar las diferencias. Esto significa aprender a vivir con las diferencias, dejando el resentimiento de lado.


– Una vez que se haya terminado, olvídalo

Es importante no tomar los altercados demasiado a pecho. Lo que no te mata, sólo te fortalece. Este conflicto no cambiará tu manera de ver el mundo, no vale la pena darle vueltas al asunto.

Y es que a pesar de todo también el conflicto puede ser provechoso, pues:

– Sin conflicto no hay avance. Esto lo saben muy bien los autores de ficción. El conflicto es el alma y el punto de partida de toda buena historia. Trasladado al ámbito empresarial, el conflicto es la chispa que enciende la innovación. Un revés en las ventas, la pérdida de un cliente importante o una salida abrupta de personas clave puede provocar que la organización abandone sus rutinas y se  reinvente.

– Ayudan al desarrollo de equipos y procesos. Un conflicto es como una bofetada. Saca a la gente de golpe de la autocomplacencia y hace  que empiecen a cuestionarse el statu quo de las cosas. Puede hacer que entiendan aquello que antes no entendían o que se atrevan abordar las cuestiones de otra manera.

– Amplia el foco. Los profesionales suelen estar tan centrados en sus tareas y prioridades individuales que no tienen tiempo para nada más. El surgimiento de un conflicto suele tener el efecto de que corrige esa mirada miope, de tal manera que son capaces de contemplar la realidad de su organización con una perspectiva más amplia.

– Hacen aflorar talento oculto. Todo conflicto implica un incremento en los niveles de estrés y algunas personas sacan lo mejor de sí mismas en estas situaciones. Puede suceder que empleados que en circunstancias de normalidad, por el rol que han asumido, permanecerían en un segundo plano, den un paso el frente ante el conflicto y se hagan visibles de forma positiva para el resto de la empresa.

– Incrementan la adaptabilidad. Son como una vacuna. Superar un conflicto permitirá tanto a las personas como a las organizaciones afrontar con mayor entereza y capacidad de respuesta las siguientes situaciones delicadas que se les presenten. Sirven para desdramatizar.

– Aumentan la cohesión interna de los equipos. Algunos conflictos, sobre todo si se trata de cuestiones personales entre compañeros, deben ser abordados. Pasa como en las familias. Son conversaciones difíciles pero que no conviene eludir porque pueden enquistarse e ir a peor. Se tratan y se intentan resolver de la mejor manera posible, tanto para sus protagonistas como para  el equipo. El resultado suelen ser equipos más cohesionados y alineados.

– Pueden desaparecer por sí solos. No en todos los casos abordar abiertamente los conflictos es la mejor solución. A veces, la propia naturaleza de la situación hace recomendable dejarla dormir, porque tiende a desaparecer por si sola o a cambiar de aspecto con el tiempo. ¿De qué sirve enfrentarse con un compañero con el que no estamos en sintonía cuando sabemos que en unas semanas va a ser trasladado a otro departamento?

– Hay conflictos necesarios. El conflicto necesario es aquel que debe suceder para que tras él  surja algo nuevo y positivo. Para ello, todas las partes implicadas deben entender, idealmente ya desde sus etapas iniciales, que su objetivo es trabajar juntas para resolver ese conflicto y que ese trabajo conjunto les llevará a un lugar mejor. En ese momento el conflicto se convierte en cooperativo.

– Y otros que no lo son. Muchos conflictos empiezan con las partes aduciendo razones diferenciadas y terminan con las partes mostrando emociones diferenciadas. En ese momento, cuando se deja al lado la razón y predomina la emoción, el conflicto se convierte en un grave problema.

– El objetivo de todo conflicto es su resolución. Nunca el bloqueo. Para ello, conviene enfrentarse a él no como posiciones enfrentadas, sino como intereses diferentes que es necesario conjugar. Desde esa posición, el objetivo será llegar a acuerdos de intereses. Para ello, será imprescindible evitar conductas que no contribuyen a la resolución del conflicto como un lenguaje agresivo, la descalificación o el excesivo ‘yoismo’.

Recopilado de fuentes diversas

Empresa y personas discapacitadas

De un tiempo atrás se detecta un paulatino cambio de mentalidad en la cultura corporativa de las empresas al hecho de que las nuevas generaciones con discapacidad se planteen un futuro profesional en el que puedan trabajar, rompiendo la anacrónica tradición que relaciona a la persona con discapacidad con la inactividad y la dependencia, pasando por una nueva legislación más eficiente.

Sin embargo las siguientes razones que justifican la baja participación:

– Falta de programas educativos específicos que garanticen la formación igualitaria de las personas con discapacidad.

– Carencia de recursos para la búsqueda de empleo. En muchos casos, las personas con discapacidad encuentran barreras adicionales en su búsqueda de trabajo: desconocimiento, dificultades de comunicación, comprensión, etc. Necesitan apoyos adicionales para enfrentarse al proceso de buscar trabajo y encontrarlos no siempre resulta sencillo.

– Barreras en las empresas en forma de temor a contratar a personas con discapacidad, en la mayor parte de los casos por desconocimiento, falta de experiencias previas o estereotipos obsoletos que asocian a la persona con discapacidad con menor productividad.
Estas barreras en el tejido empresarial, muchas veces se trasladan a la propia persona con discapacidad, repercutiendo negativamente en su autoestima y, por tanto, mermando su intención de trabajar.

– Un sistema de prestaciones que, si bien en muchos casos es necesario para garantizar unos ingresos mínimos, en otras ocasiones puede promover la inactividad de personas que sí cuentan con competencias para el empleo.

Aún es largo el camino por recorrer pero lo importante es continuar apoyando en todos los frentes para que progresivamente este colectivo maravilloso pueda incorporarse a las plantillas de las empresas.

Contratación por valores

Me pregunto si alguna vez contratamos a las personas que de verdad necesitamos. Me refiero a tener en cuenta su experiencia y habilidades o competencias, sí, pero ¿y los valores?

Se habla mucho de retención de talento pero durante la selección deberíamos darle, mayor si no igual, peso a los valores del aspirante y que estos valores coincidan con los valores de la empresa si queremos evitar que en algun momento debido a las diferencias entre ambos, se rompa la relacion del empleado con la empresa.

Es requisito indispensable  recuperar la ética y las humanidades. A esta generación se le exige demasiada formación y saber mucho, tener muchos conocimientos, pero ¿qué hay de los valores?

De la responsabilidad social corporativa al valor compartido

Las empresas en la actualidad necesitan llevar a cabo mucha innovación y cambios para competir y seguir siendo líderes  entre los consumidores. La consabida globalización ha demostrado que mantiene a flote únicamente a aquellas empresas con las competencias suficientes y necesarias para sobresalir en el mercado, y de esta forma posicionarse y convertirse en una empresa rentable y sostenible.

Por otro lado, la imagen de las empresas ante los continuos altibajos económicos en casi todos los países, se ha ido enturbiando y denostando. Ante la sociedad, las organizaciones solo velan por sus intereses y por obtener rentabilidad sin importar mucho lo que tengan que hacer en su proceso, desde afectar al medio ambiente, aprovecharse de productores y trabajadores, hasta sacar el máximo provecho del consumidor y cliente.

Pero el mundo empresarial se ha dado cuenta de que la sociedad empujada por las nuevas generaciones, demanda un cambio en ese modelo de gestión y hoy en día, casi toda organización que se precie, cuenta en su estructura con un área o departamento de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), una definición que mitigue la percepción de una supuesta falta de interés empresarial en la sociedad y su entorno por ese desmedido afán únicamente comercial.

Poco a poco la RSC se ha ido rodeando de prestigio con la realización de actividades de voluntariado corporativo y acciones de filantropía destinadas a organismos e instituciones que velan por las causas más desfavorecidas y a la sostenibilidad del medioambiente, apareciendo de este modo como la figura del bienhechor que las empresas necesitaban en su organizaciones. Y hasta aquí, nada que objetar.

Sin embargo y si hacemos un esfuerzo por analizar el servicio que hace la RSC en la estructura de la organización, encontramos que este área a menudo está desprovista de valor para la empresa ya que si bien su finalidad es el apoyo a las causas sociales, pocas veces está relacionada con las actividad empresarial quedándose meramente en actos aislados de solidaridad y altruismo que como mucho repercuten en una supuesta mejora de imagen para la empresa. Por tanto con poco presupuesto y sin voz propia en la organización como para proponer un giro de timón.

Quizás deberíamos de empezar a redefinir el término y concepto de la RSC de manera que su valor sea un equilibrio entre las actividades comerciales y de negocio que contribuyan al crecimiento y la sostenibilidad de la empresa junto a las actividades que favorecen al entorno social, un Valor Compartido de la empresa con la sociedad.

Así, una propuesta a las organizaciones podría ser retribuir al entorno social una parte de los beneficios que obtiene durante las actividades empresariales; toda esa retribución de las empresas para la sociedad se alcanza a través de las propuestas y tareas que la empresa destina para su logro.

Voluntariado y empresa

Es necesario un cambio de actitud y mentalidad en la empresa acerca de lo que significa la acción de voluntariado por parte de sus empleados. El voluntariado es el gran desconocido de nuestra sociedad. El halo de gratuidad que le rodea hace que pase desapercibido.
En la a empresas, el que decide ser voluntario es un activista que en su tiempo libre actúa altruistamente en las causas. 

Es necesario que las empresas consideren el voluntariado de sus profesionales como parte de un beneficio para la empresa, pues con su iniciativa puede promover competencias dormidas como la motivación, el compromiso, el trabajo en equipo y el desarrollo de nuevas habilidades.